BARCELONA

HISTORIA DE LA BARCELONA CONTEMPORÁNEA

 

EL LEGADO URBANÍSTICO DE BARCELONA 92: entre vigencia y obsolescencia

 

Varios arquitectos, como Oriol Bohigas, recuerdan la transformación que la ciudad vivió por los Juegos Olímpicos de Barcelona de hace 25 años y debaten si está “muriendo de éxito”. Un texto preparado inicialmente por la Agencia Catalana de Noticias (ACN) y nuestro digital en catalán LO CAMPUS DIARI. Acompañamos el texto con fotografías de algunas de las esculturas que hay en las calles de Barcelona, ​​algunas se instalaron en la época de Barcelona 92 ​​y otros son centenarias en la ciudad(Al final de este texto todas las esculturas están referenciadas).

La Villa Olímpica y las dos torres de 150 metros que la dominan, las Rondas, el Palau Sant Jordi y toda la Anilla Olímpica, las playas o el Puerto Olímpico. Todo son iconos de la Barcelona del siglo XXI integradas por completo en el imaginario colectivo. A la vez, todos estos elementos tan interiorizados por los ciudadanos son hijos de una revolución urbanística que se vivió en la capital catalana durante los años 80. El objetivo era claro, explican algunos de sus impulsores: modernizar la ciudad después de cuarenta años bajo la dictadura franquista. Se necesitaba, sin embargo, una buena excusa para llevarla a cabo -y para conseguir suficientes recursos económicos-, y se encontró en la organización de unos Juegos Olímpicos.

El famoso ‘à la ville de … Barcelona’ del entonces presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, el 17 de octubre de 1986 en la ciudad suiza de Lausana era el pretexto perfecto. La ciudad se comprometió ese día, como resultado de su elección por parte del COI, a organizar unos Juegos cinco años y nueve meses después, en el verano de 1992. El próximo martes, 25 de julio de 2017, se conmemorarán los 25 años de la ceremonia de inauguración en el Estadio Olímpico. Uno de los grandes ideólogos de la candidatura de la capital catalana fue Narcís Serra, alcalde de la ciudad de 1979 a 1982, y su sucesor en el cargo, Pasqual Maragall, fue el principal ejecutor. Como mínimo, a nivel político. La organización del evento deportivo por antonomasia llevó una transformación urbanística diseñada por varios arquitectos y técnicos. El principal nombre que ha quedado para la historia es el de Oriol Bohigas, delegado de Urbanismo del Ayuntamiento desde 1980 hasta 1991 y consejero urbanístico del alcalde Maragall desde 1984 también hasta 1991.

El legado más importante según Bohigas: las playas

El arquitecto catalán fue el autor de las líneas maestras de la transformación urbanística del municipio en los años pre-olímpicos. Ahora, con 91 años, y con la perspectiva que da un cuarto de siglo, tiene muy claro cuál es el legado más importante de aquellos cambios a su parecer: las playas. “El mar estaba cerrado a la gente, Barcelona no tenía ninguna playa y ahora es la ciudad con la playa más grande y más cuidada del Mediterráneo”, dice en declaraciones a la ACN. Según él, las reformas sirvieron para abrir la ciudad al mar. “Esto que ahora puedas ir en metro, a pie, en bicicleta o en coche a todas las playas de Barcelona”, añade, “es un cambio en el espacio habitable”. De hecho, recuerda que antes de los cambios todavía existía el Campo de la Bota, el espacio donde se fusilaron unas 1.700 personas durante la dictadura. Además, apunta que los barrios que ocupaban las inmediaciones de las actuales playas de la zona norte de Barcelona “eran un desastre, no tenían ‘desagües” y toda la suciedad de los ciudadanos “salía al mar, bien cuidada, pero nada que ver con lo que fue después “. A modo de anécdota, indica que llegó un momento en que “los organizadores” del evento le mandaron no continuar “saneando las calles” por miedo a quedarse sin tiempo ni recursos para los estadios.

 La pérdida de patrimonio industrial para construir la Villa Olímpica

Una de las novedades que aportaron las modificaciones fue la construcción de un barrio para alojar los atletas durante quince días y algunos barceloneses durante los siguientes años, la Villa Olímpica. Con todo, el hecho de que tuvieran que derribar algunos edificios con cierto valor histórico que alojaban industrias en el Pueblo Nuevo no gustó a todo el mundo. Y la crítica aún dura 25 años después. “En ese momento el patrimonio industrial de la Villa Olímpica se arrasó”, lamenta también en declaraciones el urbanista y actual concejal de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona Josep Maria Montaner. “Hoy el patrimonio industrial está suficientemente valorado en Barcelona y en Cataluña”, añade, aunque reconoce que ahora, 25 años después, “han cambiado bastantes valores”. Bohigas no niega una pérdida de patrimonio, e incluso remarca que “gracias a aquellos que protestaban no se demolieron” más elementos de interés histórico. También apunta que se minimizaron las expropiaciones. Uno de sus actuales socios en el despacho MBM Arquitectos y colaborador en la planificación y ejecución de la Villa Olímpica los años 80 desde la misma empresa, Oriol Capdevila, tampoco rechaza la crítica, pero cree que fue un daño colateral necesario. “La magnitud del proyecto, de las obras que se hicieron, superaba con creces la actuación de la salvaguarda de un edificio o dos edificios que pudieran tener un interés patrimonial”, afirma. Según él, “se tuvo que desplazar el tren, se tuvieron que hacer las rondas”, hacer actuaciones en el antiguo barrio del “Somorrostro” y en el “final de la Barceloneta”. Capdevila asegura que la voluntad no era la de demoler, sino “reconstruir un trozo de ciudad completo y ganar una serie de playas”, concluye. La misma opinión aporta la subdirectora del Instituto Municipal de Promoción Urbanística desde 1988 hasta 1992, Beth Galí, que tampoco niega una pérdida de patrimonio, pero cree que estaba bien justificado. “En general, esa área estaba muy degradada”, explica. Para ella, muchas industrias estaban marchando los años 80 y dejaron edificios “obsoletos”. “No quiere decir que en medio hubiera algunas fábricas de un cierto valor histórico que quizás hubieran podido conservar”, a pesar de que eran “pocas”. Por otra parte, Montaner también cuestiona que el nuevo barrio esté del todo integrado en la ciudad. En su opinión, tiene “poca densidad” y “pocos comercios”, pero uno de sus impulsores, Capdevila, es más optimista. “Yo creo que está muy bien integrado, ha pasado por suficiente trasfondo generacional con los usuarios de la Villa Olímpica ya sean los residentes como los comercios o las actividades que hay a pie de tierra”, indica.

 Las rondas, la gran obra del 92 … por el transporte privado

La revisión de los cambios en la capital catalana cinco lustros después también hacen confrontar opiniones por otro debate con más presencia hoy que durante los años 80: la movilidad sostenible.

“La transformación de Barcelona no tuvo en cuenta criterios de sostenibilidad o de transporte público”, concreta Montaner. “Las inversiones en transporte público fueron mínimas comparadas con las que se hicieron favoreciendo el transporte privado, con toda la operación de las Rondas”, sigue. El contrapunto lo pone Oriol Capdevila, que expresa que el transporte público “se adaptó bastante bien en la red urbana”, pero que “el tiempo lo ha mejorado y, cuando algo se mejora, es muy fácil pensar que no estaba bien solucionado antes “. En cuanto a las rondas y aunque las habituales retenciones en hora punta de los días laborables en la actualidad, Galí las defiende como una de las grandes obras del periodo preolímpico. “El tema de las rondas ha sido fundamental para la ciudad”, señala. Según ella, “que ahora se reformen y se cubran más partes porque se ha visto que hemos muerto un poco de éxito porque pasan tantos coches que los vecinos se quejan de que hay bastante ruido” no es sinónimo de un fracaso de la proyección inicial. De hecho, asegura que el diseño original de las Rondas ya preveía que ahora puedan “ir cambiando y mejorando”.

Las glorias, la primera obra del 92 ya reconfigurada

Si bien las rondas perduran, aunque el proyecto de cubrir algunos tramos, el tambor de la plaza de las Glòries que se ideó también camino del 92 por la salida norte de la ciudad ya se está reconfigurando. La anilla que se construyó ya ha desaparecido y, a pesar de los años que ya acumulan las obras, el espacio está destinado a cambiar como un calcetín respecto a lo ejecutado hace cerca de 30 años. El arquitecto Oriol Capdevila argumenta que la gestión jugó su papel para hacer fracasar la idea en menos de tres décadas. “Daba respuesta a unas necesidades de ese momento”, comenta, “no sólo era un eslabón de circulación, sino que tenía unas proyecciones de aparcamiento y de espacio público, que esto desde el primer día se le negó por un problema de gestión “. Con todo, cree que la complicación del tráfico y la oportunidad que ha surgido para hacer un espacio verde “donde las construcciones dejen de ser importantes y queden integradas dentro de un parque” justifican el actual cambio.

 El gran veto de Madrid a nivel urbanístico

Oriol Bohigas no reprocha a ninguna administración interferencias en el trabajo de los urbanistas y, de hecho, remarca el esfuerzo económico de Madrid. Ahora bien, Galí sí rememora un capítulo en el que el gobierno español vetó un proyecto inicial, ya que, en un principio, la Villa Olímpica debía contar con seis torres y no dos, como se acabó ejecutando. “Cuando llegó el plan, de esta manera tan, entre comillas, educada que hacen las cosas en Madrid, llegó un señor, que en aquel momento era el director del área de Costas, cogió las cuatro torres que le sobraban y dijo, esto fuera “, explica. Para ella, no dio “ni opción a argumentar por qué se iban a colocar, sino que fue actuar por ‘ordeno y mando”. Y los arquitectos, asegura, volvieron de Madrid enfurecidos todo por las formas en que se produjo la decisión. “Fue de una manera bastante agresiva, la verdad”, remacha.

¿Reducción de las desigualdades o una Barcelona más elitista?

El alcance de las transformaciones fue más allá, ya que también cambió para siempre la montaña de Montjuïc, la zona de Diagonal-Pedralbes o el barrio de la Vall d’Hebron. Una de las dudas que se ciernen sobre las actuaciones es dirimir si contribuyeron más bien a reducir las desigualdades o bien crear una ciudad elitista. “El pensamiento de rehacer y poner en solfa la ciudad no era hacerla elitista, sino hacerla cómodo para los ciudadanos”, remarca Capdevila. Prueba de ello es que “de las primeras actuaciones, una de las más importantes fue la Vía Julia” para calificar barrios.

La influencia del 92 en el controvertido modelo turístico actual

Con todo, ahora la Villa Olímpica, las dos torres que la encabezan, las playas o el Puerto Olímpico no sólo son iconos de la ciudad, sino los protagonistas de postales, self y fotografías de todo tipo de buena parte de los más de 9 millones de turistas que pernoctaron en Barcelona en 2016. más de cinco veces la población de la ciudad, y también cinco veces más que los 1,7 millones de visitantes de 1991. la pregunta es evidente: ¿la transformación del 92 es la semilla de un turismo que aumenta sin cesar y que, tal y como refleja el último barómetro municipal, ya es la principal preocupación de los ciudadanos? En este punto el consenso es mayor, ya que los arquitectos sitúan el origen de un turismo que inquieta la población unos años más tarde de la celebración de la Olimpiada. El urbanista Josep Maria Montaner dice que hasta el 92, había un “equilibrio” entre lo público y lo privado, pero que justo después, y en un principio para pagar la deuda generada, se impuso una “tendencia liberal” que llevar una Barcelona “más espectacular, turística y de atracción”. En la misma línea se pronuncia Oriol Capdevila, que en referencia a problemáticas como “el exceso de turismo” manifiesta que “lo que puede morir de éxito es la gestión de la ciudad, no la ciudad”. Cuando se estaban haciendo las obras, explica Beth Galí, “nadie pensaba que aquellas obras servirían para hacer marca Barcelona”, sino que se pensaba en mejorar un municipio atrasado debido al franquismo, lo que Capdevila también avala. “Nadie se pensaba que vendrían millones de turistas, todo esto ha sido algo que ha ido viniendo después”, expresa Galí. “La responsabilidad por los que han venido después, alcaldes, técnicos y políticos que han venido después era enorme porque no pasara esto”, reprocha. Como Montaner, también destaca el “balance justo” entre lo público y privado en épocas de Maragall como alcalde.

El alcance del empuje de Barcelona en el área metropolitana y el resto de Cataluña

La elección de la candidatura de la ciudad condal, sin embargo, no quedó circunscrita sólo entre las fronteras naturales del Llobregat, el Besòs, Collserola y el mar. La competición olímpica también se trasladó a otros municipios, como Badalona -donde el dream team estadounidense de baloncesto deslumbró el mundo-, Castelldefels, Terrassa, Banyoles o Granollers. ¿Pero hasta qué punto el impulso modernizador de la capital arrastró al resto del área metropolitana o el país en general? “Barcelona ha tendido históricamente a un cierto centralismo, y los Juegos Olímpicos reforzaron el área central de Barcelona”, opina Josep Maria Montaner. La doctora en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, arquitecta y profesora de la Blanquerna – Universidad Ramon Llull Sacra Morejón lo certifica también en declaraciones a la ACN. “Quizás lo que podríamos haber pensado más bien es no pensar tanto en Barcelona y pensar más en el país, porque sí es cierto que Barcelona se construyó de unas infraestructuras impresionantes a nivel de infraestructuras deportivas y a nivel urbano”, dice. Sin embargo, cree que las subsedes que se escogieron fueron “una decisión más bien anecdótica y podría haber sido más generalizada”. En este sentido, no sólo se refiere a nivel de infraestructuras, sino también “toda esta campaña de promoción” con actos para implicar a la ciudadanía.

La vigencia de las instalaciones deportivas

Morejón, pero, sí reconoce un acierto en la planificación de las instalaciones deportivas, y es que 25 años después, muchas aún están en funcionamiento. “Se construyeron de una manera interesante, en vistas no sólo a su utilización durante los Juegos Olímpicos, sino en su utilización por parte de la ciudadanía después, es uno de los grandes aciertos”, comenta. Sólo pone un pero, “el campo de tiro de Enric Miralles que se hizo en la zona del Valle de Hebrón”, ya desaparecido. No obstante, “en el espacio donde se ubicó ahora hay unos campos de rugby y de fútbol”. La clave, por la profesora de la Blanquerna-URL, fue el planteamiento de inicio y lo ejemplifica con las instalaciones de tenis también de la Vall d’Hebron. “En el momento en que se concibió pensando en los Juegos, ya se pensó en la posterior gestión; se llegó a un acuerdo con la Federación Catalana de Tenis para que fuera la entidad que después gestionara aquella instalación “, explica. Según ella, el hecho de que las instalaciones fueran municipales ayudaron después del 92 a hacer más accesibles algunos deportes a la ciudadanía y ha facilitado su conservación un cuarto de siglo después.

¿Unos nuevos Juegos en Barcelona?

El próximo 25 de julio de 2017 se celebran los 25 años del evento, sólo un mes y medio que se adjudiquen las ediciones de 2024 y 2028 en París y Los Ángeles -sólo falta decidir el orden- por tercera y segunda vez respectivamente. ¿Y si Barcelona quisiera repetir, por ejemplo, intentando adjudicarse la edición de 2032, coincidiendo con el 40 aniversario del lanzamiento de la flecha por parte de Antonio Rebollo que encendió el pebetero del Estadio Olímpico de Montjuïc? Con respecto a unos Juegos de Invierno, el consistorio decidió aparcar la idea de alojarlos en el año 2026, pero no cerró la puerta para ediciones posteriores, como la de 2030.Todo y que Sacra Morejón manifiesta que la evento invernal podría dar vida a los Pirineos en materia de infraestructuras, la respuesta de los urbanistas a la pregunta con respecto a Barcelona es clara: no es el momento. “Dios no quiera que a nadie se le ocurra volver a hacer unos Juegos Olímpicos!”, Exclama Galí. La vivienda, el mantenimiento, el funcionamiento de los servicios o bien el ruido son los retos más inmediatos de la sede de los Juegos de la 25ª Olimpiada moderna, indica. Montaner coincide, y apuesta por eventos más “a pequeña escala” que también ayudan a la transformación, descartando los de gran magnitud como el Fórum 2004, que “fue bastante mal”. Quien fue subdirectora del Instituto Municipal de Promoción Urbanística cree que la propuesta tampoco cuenta con el consenso de la ciudadanía. El problema más insalvable que ve, sin embargo, es la falta de unidad entre los políticos teniendo en cuenta el momento de tensión entre los gobiernos catalán y español. “¿Consenso político? Lo veo imposible, imposible. Más que nunca, yo no me imagino el Estado español, la Generalitat y el Ayuntamiento asiento a una misma mesa, imposible. Y sin esto, no hay Juegos Olímpicos “, concluye. Así, nada apunta por el momento que el Estadio, la Villa o el Puerto Olímpicos recuperen en el futuro, ni por quince días, su objetivo inicial.♦